Cada vez que un cliente se
aproxima a la empresa, llega con unas ciertas expectativas. Puede ser la
necesidad de un servicio, o el interés por un nuevo producto pero, en cualquier
caso, tiene unas expectativas que acompañan a su interés por la empresa. Lo que
suceda a continuación constituye una experiencia que determinará su
comportamiento futuro. Una buena experiencia podrá incrementar su fidelidad y
la tendencia a volver a comprar. Una experiencia pobre puede hacer que el
negocio vaya a parar a algún competidor.
La calidad del servicio que
se presta por una empresa depende, en gran medida, de la forma en que la plantilla
interactúa con los clientes.
Nunca debemos olvidar que las
empresas de servicios no producen, actúan. No venden “Objetos”; venden el buen
quehacer humano. La mayoría de las empresas del mismo sector venden lo mismo. En
consecuencia, cuando los servicios son los mismos, ganaremos o perderemos según
cual sea el trabajo del personal.
Para el cliente, una persona
poco motivada, poco comprometida e insatisfecha, se convierte en una
organización de esas mismas características. Un trabajador poco comprometido
puede hacer que no volvamos a pisar esa empresa.
Muchos clientes no responden
a un mal servicio de malos modos. Suelen ser educados, pocas veces groseros, y
no provocan una escena ni le gritan a nadie. Simplemente nunca más vuelven.
La parte más importante de la
contribución de los empleados a los objetivos de la organización es la que
hacen por su propia voluntad.
El servicio de calidad
implica no tener que decir nunca: “Esa no es mi función”
Primera regla de Oro: “Dale siempre a tu cliente más de lo que espera recibir por el precio
que ha pagado”
Segunda regla de Oro: “El coste de mantener a un cliente es inferior al coste de captación
de un nuevo cliente, pero este último es, a su vez, inferior al coste de
recuperación de un cliente perdido.” Estudios genéricos indican que conseguir
un cliente nuevo cuesta entre un 25 por ciento y un 400 por ciento más que
mantener a los clientes existentes.
Se necesita una actitud
mental positiva.
Mentalízate; Sin clientes no
hay Empresa. Piensa que serán tus clientes los que en definitiva pagarán tu nómina,
no la organización para la cual trabajes.

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